¿Qué significa a Dios rogando y con el mazo dando? Origen y significado

El refrán «a Dios rogando y con el mazo dando» es una expresión popular que se utiliza para transmitir la idea de que no basta con pedir ayuda divina, sino que también es necesario poner esfuerzo y acción propia para lograr los objetivos deseados. Esta frase, que ha perdurado a lo largo de los años, tiene un origen que se remonta al siglo XVI y ha dejado su huella en la literatura española.

Origen del refrán «a Dios rogando y con el mazo dando»

Philosofia vulgar (1568) de Juan de Mal Lara

El origen del refrán se encuentra en la obra Philosofia vulgar, escrita por el autor sevillano Juan de Mal Lara en el año 1568. En esta obra, el autor utiliza la expresión «a Dios rogando y con el mazo dando» para transmitir una enseñanza moral y filosófica.

División en dos partes

El refrán se divide en dos partes claramente diferenciadas. La primera parte hace referencia a la necesidad de poner la memoria del Señor delante al hacer algo y la diligencia detrás. Esto significa que, al emprender una acción, es importante tener presente a Dios y pedir su ayuda, pero también es fundamental poner esfuerzo y dedicación personal para lograr el éxito. No se trata de esperar milagros nuevos ni quedarse en una pereza inútil, sino de combinar la fe con la acción.

Historia del carretero y San Bernardo

La segunda parte del refrán se basa en una historia que se cuenta en la obra de Juan de Mal Lara. Se trata de la historia de un carretero cuyo carro quebró en un camino. Desesperado, el carretero rogó a San Bernardo que intercediera ante Dios para que arreglara su vehículo. La respuesta de San Bernardo fue contundente: «Yo rogaré a Dios, amigo, y tú entretanto da con el mazo». Esta respuesta implica que, si bien es válido pedir ayuda divina, también es necesario poner manos a la obra y solucionar los problemas con esfuerzo propio.

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Interpretación irónica

Además de su significado literal, el refrán «a Dios rogando y con el mazo dando» también ha sido interpretado de manera irónica. En este sentido, se utiliza para denunciar la doble moral del clero en algunas de sus acciones. Se critica la actitud de aquellos que, por un lado, predican la fe y la necesidad de rogar a Dios, pero por otro lado, no actúan de acuerdo con los principios que predican.

Presencia en la literatura española

Don Quijote de la Mancha (1615) de Miguel de Cervantes Saavedra

El refrán «a Dios rogando y con el mazo dando» ha dejado su huella en la literatura española. Una de las obras más emblemáticas en las que aparece es Don Quijote de la Mancha, escrita por Miguel de Cervantes Saavedra y publicada en 1615. En esta novela, el refrán se utiliza en el contexto de las aventuras y desventuras del ingenioso caballero Don Quijote y su fiel escudero Sancho Panza. El refrán refleja la idea de que, si bien Don Quijote confía en la ayuda divina para cumplir su misión de caballero andante, también es consciente de que debe poner esfuerzo y valentía en sus acciones.

Sancho Saldaña o El Castellano de Cuellar (1884) de José de Espronceda

Otra obra en la que se encuentra el refrán es Sancho Saldaña o El Castellano de Cuellar, escrita por José de Espronceda y publicada en 1884. En esta obra, el refrán se utiliza para transmitir la idea de que no basta con pedir ayuda divina, sino que también es necesario poner esfuerzo y acción propia para lograr los objetivos deseados. El personaje de Sancho Saldaña, protagonista de la obra, se enfrenta a diversas dificultades y utiliza el refrán como una guía para enfrentarlas.

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El refrán «a Dios rogando y con el mazo dando» tiene un origen en la obra Philosofia vulgar (1568) de Juan de Mal Lara. Esta expresión popular transmite la idea de que no basta con pedir ayuda divina, sino que también es necesario poner esfuerzo y acción propia para lograr los objetivos deseados. Además de su significado literal, el refrán también ha sido interpretado de manera irónica para denunciar la doble moral del clero. Este refrán ha dejado su huella en la literatura española, apareciendo en obras como Don Quijote de la Mancha (1615) de Miguel de Cervantes Saavedra y Sancho Saldaña o El Castellano de Cuellar (1884) de José de Espronceda.

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